Inauguro mi posterous con esta buena canción!
NO NO NO… yo no volveré
Sácate los audífonos
En mis oídos retumba Daft Punk con su último y más chevere album: Alive 2007. Como siempre sucede, veo el universo coreografiado con meticulosa precisión ante cada beat del track que escucho. Los autos aparecen, las luces se entrecruzan y las personas por las calles andan a paso rítmico siguiendo las mezclas del dúo electrónico francés. Yo sé que es mi mente la que (de)codifica el mundo que observo de esa forma, pero a veces me parece todo demasiada coincidencia.
Voy a casa de mi novia, después de pasar un rato por la de mi cada vez menos visitada abuelita. Me subo a los buses grandes y modernos que van por La Marina (yo subo en la intersección con Sucre viniendo de Pueblo Libre) y luego se meten Javier Prado y Aviación. Me gusta ir cómodo. La cuestión es que dichos buses son precisos para que suban la mayor cantidad de vendedores al paso y mendigos con historias increíbles (que curiosamente otro día los veo con otra historia totalmente distinta). Pero hay un momento en que sí presto atención. De vez en cuando pasa que sube un muchacho (o tío ya) con aire decidido y con charango y zampoña en mano (o instrumentos similares).
Es ahí cuando me quito los audífonos. Siempre. Y me dispongo a escuchar su arte. Porque la ejecución es impecable. Sin importar los baches, las frenadas, la gente que va ocupando el bus y lo empuja; el muchacho no falla. Pronto entro en embeleso con la música. El charango despierta en mi una sensación de místico regocijo. La especial vibración de sus cuerdas resuenan en mi pecho henchido de pronto de orgullosa y nostálgica peruanidad.
Así voy regresando del lejano mundo de la alienación y me acuerdo de pronto dónde vivo y quién soy. Miro de nuevo por la ventana y veo a la ciudad y a sus habitantes, ya no a ritmo foráneo, si no bajo el pegajoso charanguito y zampoña. Todos, incluyéndome, hemos vuelto a ser peruanos. Pero me siento un toque mal y me reprocho tener el mp3 tan lleno de huevadas en inglés. Osea, ¿qué me creo yo? La verdad no sé. De lo único que estoy seguro en ese momento es que el país en el que vivo en ocasiones me parece fascinante y único y estoy orgulloso de haber nacido en él.
Todo por un bendito charango. ¿Dónde los hacen? ¿Cómo consigo uno? No sé ni para qué lo quiero porque nunca lo podría tocar como aquel muchacho. Así que cuando hubo terminado, sin hacer mucha petición solo agradeciendo nuestra amabilidad, se acerca por nuestra colaboración. Yo me apuro a rebuscar en mi bolsillo y no soy mesquino con mi aporte. Deposito mi solsazo en su receptáculo con felicidad, sin remordimiento y con algo de envidia. Se merece mi sol. Se merece que me haya quitado los audífonos.
Pronto la vida vuelve a ser la misma. Los audífonos de nuevo en mis oídos, machuco PLAY y empiezan Los Beatles con “Love me do”. Raysa me espera, le escribo un mensajito. Qué chévere el nuevo hotel que construyen frente al Interbank. Qué chévere el Interbank con sus luces en movimiento. Suspiro. Qué chévere sonó el charango.
Reboot
Jalo la cadena!
Empiezo de nuevo
Muchas cosas han pasado. Muy poco tiempo tengo para escribir sobre ellas.
No tengo ganas de chácharas. Historias breves, sensaciones.
Reboot total!
All the… small things…
Todos somos un pequeño barco en un mar que nos mueve a su gusto. A veces está calmo y a veces jodido. Nosotros tenemos solo una pequeña vela y un remito. Así empezamos, solos, libres, apenas con nuestra propia suerte, dependiendo únicamente de cuán fuerte y hacia dónde rememos. Al menos así es cuando dejamos el gran barco que es la familia y partimos por fin en el viaje por nuestra cuenta.
Solos en la gran inmensidad del despiadado océano como que nos da miedo y no queremos continuar en soledad, necesitamos construir nuestro propio barco, primero pequeño y luego cada vez más fuerte. Sin embargo, por ahora solo tenemos nuestro barquito. Algunos están bien con eso y le dan para adelante, con ganas, a ver qué playa encuentran. Otros, como yo, nos interesa conseguir una compañera que venga también en su barquito y aporte su remo para juntos emprender marcha rumbo al horizonte. Amarrar nuestros pequeños barcos y formar una especie de catamarán sobre el cual ir construyendo una nave cada vez más fuerte y estable. Y es que al fin y al cabo lo que buscamos es construir nuestra propia familia, nuestro propio barco. Esa es, creo yo, una de las más importantes metas de nuestra vida.
Ahora me encuentro encallado. Reconstruyendo mi barco a partir de las piezas que quedaron desperdigadas por la playa del olvido. La tormenta ya pasó y sobreviví
Y ahora la verdad es que me encuentro como en un limbo. Cuando hace mucho sol y me canso un poco de la labor reconstructiva me siento bajo una palmera que me hace sombra y me pongo a mirar hacia la nada y pensar. Medito, me duermo, despierto y vuelvo a meditar. Pienso en qué es lo que nos compone como personas, sobre cuáles son las piezas con las que estamos construidos. La respuesta creo son nuestras experiencias, los caminos que hemos recorrido, las personas que hemos conocido y que nos han querido y a las que les hemos devuelto el cariño. Esos son los elementos constitutivos de nuestras consciencias y almas, lo que define quién michi somos.
Y así, continué meditando. Trataba de recordar cuándo fui feliz. Cuándo los problemas no eran importantes y simplemente disfrutaba de la vida. Mi infancia en la selva se me vino primero a la cabeza. Sí, es cierto, fuí muy feliz de niño. Pero como que aún no tenía plena consciencia de ello. Entonces, coincidentemente, mientras yo divagaba, regresando de aquella playa imaginada hacia la realidad de mi silla frente a la compu, escucho a mi hermano tocar de la nada “All The Small Things” con su guitarra. Yo inmediatamente volteo a verlo: “¿Ma-Manuel, la sabes?” “Sí, es Blink.” ”Claro que es Blink! A mí me lo vas a decir”…. Era increíble, me pareció mucho juego del destino que a mi hermano justo ahora se le ocurra descubrir el grupo que marcó parte de mi adolescencia. Esa super coincidencia me hizo recordar todo. Me hizo recordar Cajamarca.
Habíamos vuelto de Tarapoto a Lima después de 7 años viviendo allá. Era finales de 1999. Por fin regresábamos a la ciudad natal que siempre añoraba pero que ya me era ajena. Pues, a pesar de haber nacido aquí, no soy un limeño normal. Soy más provinciano que limeño o ambas cosas o no sé. La cuestión es que apenas empezaba el rencuentro con la capital, apenas me disponía a empezar a reconocerla, al jefe de mi mamá se le ocurre que ya no la necesita en Lima como le había dicho sino en Cajamarca, para un nuevo proyecto. “¿Cajamarca?” “Sí, tu abuelo es de Cajamarca, de Chota…” (Gonzalo Fernández Gasco, padre de mi madre, nunca se casó con mi abuela ni crió a su hija. Paró de un lado para otro “guerrillereando” e “izquierdozando”, exiliado y perseguido junto con los demás insurgentes del ’65. Al menos se pudo salvar de que lo ‘desaparecieran’ como a los otros.) “Pero… mamáaaa… no pues… ya estamos en Lima!!!… ¿De nuevo nos vamos?” “Gabriel, mi trabajo esta allá… no hay nada que yo pueda hacer… nos vamos!”
Y así fue. Mi mamá viajó empezado el 2000, para buscar casa, colegios y todo; mientras que nosotros esperamos hasta terminado el verano. Al principio la idea me pareció horripilante. No quería dejar Lima ahora que la había recuperado. Pero pronto tuve que tragarme la frustración como cucharada grande de aceite de hígado de bacalao (aka Emulsión Scott). Y cuando la mundanza era inminente yo ya estaba resignado. De hecho, al estar viendo por la ventana de Cruz del Sur, como las montañas misteriosas se iluminaban a nuestro paso en la madrugada, pensé en que tal vez sería paja. Le daría a Cajamarca la oportunidad de conquistarme.
Siempre me pregunto de dónde viene mi lado soñador y loco. Mi lado que se proyecta, mira al cielo y ve todo de colores cuando muchas veces está en realidad gris. Pues parece que mi a veces excesivo optimismo es genético. Yo pensé en un principio que del lado de mi padre, pero no era así, al menos no totalmente. Ahora , gracias a mi abuelita (mamá de mi mamá), sé que por su lado existió un personaje más que interesante.
Alejandro Corrales Giro fue mi tatarabuelo. Hijo único de un acaudalado hacendado arequipeño y una enigmática francesa que vino al Perú dejando a dos hijas en su país natal por motivos que se perdieron en el tiempo. Debido a sus privilegios, Alejandro creció como todo rico engreído. Durante su infancia y juventud nunca le faltó dinero y por tanto no aprendió ningún oficio. Según me cuenta mi abuelita, lo único que llegó a dominar con maestría es a tocar el piano (“precioso”) y a despilfarrar la fortuna de su padre o cualquier otra que llegaba a sus manos.
Fue un hombre muy bien parecido (como su tataranieto ahora
), de blondos cabellos, con garbo y simpatía natural… franchute pues. Logro contraer nupcias con una chica de familia bien, como la suya. Se casó con Mercedes Macedo Del Mar y tuvieron alrededor de 12 hijos, 12 hijos!!!! Pero mi abuela sólo se acuerda de los nombres de 9 de ellos: José, María Isabel (mi bisabuela), Julio, Carlos, Zoila, Cármen, Aurora, Julia y Alejandro.
Lo chistoso es que mi tatarabuelo Alejandro siempre estuvo acostubrado a rico. El problema es que pronto ya no hubo más dinero y él nunca fue bueno para mantener a su familia. Siempre las mujeres se encargaron de eso. Primero su esposa y luego las hijas. La famila de alcurnia entonces era sólo de apellido porque en realidad siempre fueron bien pobres. La más pobre de todas fue mi tatarabuela Mercedes porque se las vió negras para cargar con tantos hijos ella sola. Digo que fue ella sola porque Alejandro de pronto se obsesionó con una empresa muy particular y practicamente no asumió ninguna responsabilidad con ellos por mucho tiempo.
Según cuenta la leyenda, un cura le dió información sobre unas minas sin explorar y muy muy ricas. A Alejandro le brillaron los ojitos y más rápido que volando, con el corazón lleno de espíritu aventurero y sus alforjas de esperanza, partió, cual Indiana Jones, en una ambiciosa expedición.
Pasado el tiempo, habiendo mi tartarabuela sufrido penuria y media para mantener a la familia, volvió Alejandro sin un sólo peso, totalmente pelado y hasta sin ropa porque le habían robado. Pero a pesar de su fracaso nada lo persuadía de lograr su objetivo. Sólo regresaba para comer todo lo que podía, juntar la mayor cantidad de dinero nuevamente, hacer uno o dos hijos más con su mujer, trabajar en los mapas y los cálculos para armar otra expedición y partir de nuevo a la aventura.
Así estuvo años de años, hasta décadas. Partiendo en busca de su mina soñada y volviendo siempre sin absolutamente nada, sucio y robado. Hasta que la familia se cansó. Lo bajaron de su nube. Fueron las hijas que de golpe se rebelaron y ya no le dieron nada ni le ayudaron a armar ninguna otra loca expedición más. El sueño de la mina y la fortuna se terminó para mi tatarabuelo.
El tonto de Alejandro seguro reveló a muchos la existencia de la mina ya que, algún tiempo después, otros tuvieron más Buenaventura que él y efectivamente hallaron el Cerro Verde que él tanto buscó y nunca pudo hallar
Mi tatarabuelo continuó sus años tranquilo. Vió a sus hijos hacer sus vidas sin que él haya tenido mucho ver en el asunto. Y llegó a vivir inclusive hasta los tiempos de la Segunda Guerra Mundial en una casa a las espaldas del Cine Metro, por la plaza San Martín. Exactamente en el Pasaje Encarnación N° 229. Ahí fue cuando mi abuelita lo conoció. Cuando, según ella, “Lima estaba llena de gallinazos”. Ahí fue cuando le pidió que tocara el piano y su abuelo Alejandro (mi tatarabuelo) accedió.
Por su parte, mi bisabuela, una de las hijas de Alejandro, María Isabel Corrales Macedo se casó con Horacio Morales Delgado, primo hermano de Honorio Delgado, hijo del vocal de la corte de Arequipa y rector de la Universidad San Agustín, Víctor Nicanor Morales Alpaca, quien a su vez fue hijo de la unión de un español español y una ñusta inca. Pero es otra historia que contaré en otro momento.
Me gustó conocer a mi tartarabuelo y le agradesco a mi abuela por contarme. Ella vendría a ser Rosa Mercedes Morales Corrales Delgado Macedo Alpaca Giro
Me gusta conocer sobre mis antepasados y sus historias. Quien diría que mi familia pudo ser rica. Bueno, si es que encontraban la mina de repente yo no hubiera existido :S ni mi mamá :S:S e inclusive ni mi abuelita :S:S:S
No sé, para mí como que el dinero no es taaan importante. Me gusta ser clasemediero. Me gusta más saber quién soy y de dónde vengo, tener tanta historia detrás que recién estoy descubriendo. El dinero no es lo más importante. Además, sé que con mi carrera y al disfrutar tanto de ella la plata vendrá sola. “Mi primer millón”
y muchos más.
Yo soy soñador como mi tatarabuelo, pero un poco más con los pies en la tierra. Al menos si tendré una profesión
Pero con lo de la familia tan numerosa creo no podré superarlo :S 12 hijos!!!! no pues!…. Pucha, no sé, máximo 6, no?
–
Los dejo con un video que hice para mi abuelita, la artífice de este post.
“¿Cuándo sale el segundo? ¿Cuándo? ¡¿Cuándo?!”, nos decían algunos entusiastas patas de facultad, de nuestra promo, a quienes les mostramos el primer episodio. Yo, por supuesto, estaba totalmente ‘tierra trágame’. Pero extrañamente ‘Gabo’, que yo insisto en determinarlo como un alterego mío y no yo totalmente, a pesar de que varios se dieron cuenta de lo pésimo actor que era, como que la estupidez que representaba, la ‘común-corrientez’ de mi ser, cuajaba bien con el concepto
. Si por mi fuera hubiera salido corriendo como cuando enfrenté muchos otros retos en el pasado, pero desde que cumplí 20 años como que decidí que rendirme ya no era una opción, para nada, no solo para lo de ‘Gabo’. Pero ahora resultaba que ‘Gabo’ era necesario MPP y MPP no sería MPP sin ‘Gabo’, así nos lo haría notar la profe Caroline Cruz algún tiempo después. Entonces me dije a mi mismo “a la mierda, pa’ lante!” y para adelante fui, respirando hondo para contener el roche, tratando de hacerlo cada vez mejor, jurándome a mi mismo que sólo para esta serie estaría frente a cámaras, luego ya no
. Hasta ahora sigo con esa consigna.
Pero por otro lado empezó a ocurrir un fenómeno interesante. Un fenómeno que ya había vivido antes y del cual como que me había olvidado: la fama.
Era el año 1999 y yo había vuelto a un colegio particular para cursar mi 2do de secundaria. El año anterior había sido una crisis total, mis padres se separaron por completo, nos mudamos, no había plata, me pusieron en un cole estatal; en resumen, un desastre. El cole estatal no fue malo, yo siempre me adapto al ambiente que me rodea y soy muy amigable, al principio tímidón y observador, pero tarde o temprano saco mi chispa y caigo bien (esa chispa que herede de mi padre, creo genéticamente porque nunca me la enseñó). Pronto todos se acostumbran a mi escencial ‘zanahoriez’, mirada perdida, perspicacia y total falta de habilidad para los deportes. Así me acoplaba al grupo y era uno más, ya había perdido mi dejo de limeño o mas bien lo activaba o desactivaba cuando era necesario y todo estaba bien.
Fue en el cole nuevo, el particular, que el profe de computación se detuvo al pasar lista: “¿Ynga?”, preguntó con una sonrisita. Yo pensé: “Carajo, siiii, ya sé, chistoso no?… pasa pasa nomás… “. “¿Eres hijo de José Ynga? ¿José Ynga Chiroque?”, añadió. “Carajo, conoce a mi papá”, pensé. “Sí… sí… mi pa… papá” le respondí timidamente. Todo el salón estaba callado escuchando, extrañados por la particular atención para con el alumno nuevo.
El profe entonces explicó que había trabajado con mi padre cuando este formó la primera ensambladora de computadoras de todo el oriente peruano en el año 93, razón por la que toda la familia habíamos ido a vivir a Tarapoto. Yo estaba fastidiado con tanta atención, siempre me ha gustado pasar desapercibido. Pero el profe continuaba: “Si tu eres el hijo de José Ynga debes ser un capazote en computación”. Yo no atiné ni a asentir o a negarlo. “A ver, defíneme la diferencia entre software y hardware”. “Ja!”-pensé-”No me jorobes eso es más fácil que lo sabe hasta mi hermanito de 5 años”. Miré a mi alrededor y todos me taladraban con la mirada, al parecer eso recién lo iban a aprender durante ese año y yo ya lo sabía en la primera clase. Le respondí y al profesor le brillaron los ojos de la emoción. Ese fue el comienzo de todo.
No pasó ni un día y el profe me abordó durante el recreo. Me hizo reunirme con él en su oficina. Me contó que el colegio tenía planeado presentar un proyecto tecnológico para la FENCYT (feria escolar de ciencias organizada por la CONCYTEC) y que yo era el indicado para desarrollarlo. Me pidió que le trajera una propuesta. Yo llegué emocionado a mi casa a contárselo a mi mamá. Ella, notando más que yo en ese momento la importancia de esta oportunidad, me dijo que hiciera una web, me dió un librito de HTML y me sugirió, así como quien no quiere la cosa, que el tema sea la preservación de la selva. Al final salimos con el rimbombante título de: “Salvemos nuestra selva sanmartinense”
Al llevarle mi proyecto bien tipeadito en Word, el profe casi se derrite y me dió luz verde para empezar. Y así lo hice, inicié la titánica tarea de escribir en código, desde cero, una web completa. Pronto, después de pelearme con cada coma o punto o > o / erróneo, tuve algo decente como para mostralo en una competencia. Cuando nos presentamos a la primer etapa yo fui nervioso, temiendo a lo que los competidores podían presentar, pero al llegar ví que no pasaba nada. Nadie tenía una mejor idea que la mía y, como supuse, gané.
De ahí en adelante todo fue una locura. Ya no iba a clases, tenía permiso para todo, me ponían las notas en lo exámenes sin que yo siquiera los tomase; era un alumno de otro status. Ahora era el ganador y representante de la provincia de San Martín en el área de tecnología informática. Cuando viajamos a Moyobamba para competir en la etapa regional, yo fui más preparado. Habíamos mejorado mucho la web pero al llegar vi que esta vez sí había un poco de competencia fuerte. Los patas de otro cole habían hecho también una web pero no sé de qué otra cosa. Lo que si me llamó la atención es que su web tenía cositas que se movían, bien pajas, JAVA le llamaban. ¿Qué michi era JAVA y por qué yo no lo tenía?
Entonces decidí competir con todas mis armas. Expuse de la mejor forma que pude, a todos los niñitos que venían y me decían con sus voces chillonas: “¿Oe cho, de qué trata tu proyecto?”, también a los adultos entre los cuales se escondían los jurados. A todos les daba su tríptico y les explicaba. Además tenía un bendito WAV de una música selvática que yo había puesto como sonido de fondo loopeado para la web y durante los 4 días de la feria nunca dejó de inundar cada centímetro del coliseo. Una y otra vez se repetía y la gente venía atraída por ese sonido que a mi ya me hartaba totalmente. Pero no tenía tiempo para renegar del sonido, no dejaba de exponer y exponer.
Todo mi esfuerzo se vió recompenzado. Gané. Mi tema era más trascendental que el de la competencia (gracias mami) y mi proyecto estaba mejor desarrollado. Ahora era el representante regional de San Martín e iriamos a Lima, a la última etapa, a la Feria Nacional de Ciencia y Tecnología en la explanada del Museo de la Nación. Volví a Tarapoto y a mi colegio victorioso, con mi medalla y mi diploma y convertido en el primer alumno de la historia del colegio que había llevado su nombre tan lejos y a un evento nacional de tanta importancia. Definitivamente eso me convirtió en una celebridad. Me sacaron al frente durante la formación para llenarme de elogios. También me llenaron de privilegios. Ahora solo llegaba al colegio y me iba derechito a la sala de Cómputo a trabajar en la web. No hacía nada más. De los cursos y de mis notas se encargaron los profesores por órdenes directas de las máximas autoridades del colegio. Practicamente todo mi 2do de secundaria lo pasé así. Yo estaba en otro level y era el más famoso.
Y así de fácil la fama se me subió. Mi proyecto era lo máximo y arrasaría con todos en Lima. Ya no tenía ni que exponer, eso no importaba. Estabamos todos alojados en el Hotel Savoy en el centro de Lima y todo era chacota, habían alumnos de todo el Perú. Que simpáticas estaban las de Pucallpa y eran de colegio de monjas… ufff. Las cuzqueñitas no se quedaban atrás tampoco. Las arequipeeeeñaaaasss… Iluso, fui un iluso. Por supuesto, perdí. Me ganaron con justicia unos chicos de Huancavelica que habían creado un software que controlaba la electrificación rural de un pequeño pueblito. Cuando al anunciar el ganador no dijeron mi nombre, ya que no lo habían hecho ni para el tercer ni segundo lugar, todo mi mundo se derrumbó y las lagrimas de decepción y enojo corrieron solitas por mis cachetes antes enchidos de orgullo. Así como si nada volví a ser un chico común y corriente, así como si nada volví a ser yo.
Es por eso que ahora cuando Gabriel, que en su primer ciclo de facultad era simplemente un chico inteligente y medio pavo, había pasado a ser ooooh ‘Gabo’ de Metis Palas PUCP, y me pedían autógrafos los cachimbos y todos me empezaban a mirar como si recién existiera. Yo imediatamente detecté el tufillo de la fama y dije no no no no, yo no caigo de nuevo. Yo no quiero fama. Lo que importa de Metis Palas PUCP es la idea, la serie, el concepto, lo que decimos, lo que hacemos que ‘Gabo’ diga. Eso es lo que importa. Yo, como la persona que representa ese personaje, soy simplemente un medio, una entidad corpórea que se encarga de transmitir lo que se necesita transmitir.
De todas formas, la idea que habíamos desarrollado con afán de satisfacer nuestras ganas productivas y para divertirnos, como que había pegado más de lo que yo pensé. Está bien, MPP estaba orientado a ese público entonces era razonable que gustara. Pero había mucho que mejorar y así nos lo hicieron notar. Ahora nos tocaba llegar a cumplir con todas las expectativas en el segundo episodio. Yo no sé, yo creo que no lo logramos.
Juzguen ustedes…
Comencemos por lo más fácil
… Metis Palas PUCP.
Yo no soy rojo lo acepto. Pero hay algo, siento algo, que me incita a ver todo como un poco desde la izquierda
Yo intento ser apolítico pero la sangre llama. Mis padres, mis abuelos fueron de izquierda. En un mundo polarizado tenían que tener una postura. En el mundo de ahora ya no es necesario. Pero como digo, la sangre llama de todas formas.
Y así el niño que creció escuchando Silvio y Pablo desde la panza, que vivió su temprana infancia viendo Nubeluz tranquilo en el sillón de la casa de la abuela mientras afuera explotaban coches y personas, y que claramente recuerda (es una imagen vívida que tengo en mi mente de esa edad, una de las pocas tan nítidas) la transmisión por TV de ese gran muro pintarajeado de colores con gente encima y abajo destruyéndolo con ganas y con felicidad. La libertad se sentía en sus rostros y los locutores recalcaban a cada segundo la importancia trascendental de ese hecho. El pequeño Gabriel no sabía que michi era ese muro y dondé miércoles quedaba Berlín (a las justas conocía los departamentos del Perú), pero siempre recuerdo ese momento, no sé por qué me marcó. A ese pequeño niño, ahora crecido y en la universidad, adivinen qué se le ocurrió ?
La historia de Metis Palas PUCP es simpática. Todo empieza con el encuentro de tres locos de remate: los llama founders, título huachafo para los 3 creadores de Llama Films: Oswaldo, Rogger y Gabriel. Mas fue el ímpetu del primero por hacer algo durante las vacaciones de medio año (del año pasado) lo que me incitó a salir con esta idea.
Estaba yo lavando mis platos por la noche (cuando volvimos a Lima hicimos un sorteo entre los 3 hermanos y a mi me tocó la cena. El problema es que en esa época no teníamos quién nos ayude en casa, ahora que la tenemos ella lava los dishes del desayuno y almuerzo, y yo hecho un pelmazo sigo lavando la cena siempre :S. No importa, me gusta ya
y lo hago escuchando música y, por supuesto, pensando, reflexionando y filosofando) cuando la idea se estrelló en mi cerebro como lo hacen todas las buenas ideas, así, de golpe.
“Que tal si hacemos una serie de documentales…. mmm… pero en broma… mockumentales!!!… de la universidad y hablamos la verdad de ella… desde nuestro punto de vista… chistoso, bien editado, con buena música… un reportero… tonto… común… irónico… likeable… Algo como el Cazador de Cocodrilos, siendo la universidad una especie de selva… Con entrevistas faltosas como Polizontes… Diciendo lo que nadie dice… Tumbando el muro de la excesiva solemnidad… para reirnos de nosotros mismos y de nuestros problemas…” Ese fue y es el concepto de MPP.
El nombre no salió facilmente y creo que los otros llamas aceptaron porque ya no había uno mejor ni ganas para pensar en otro más chévere. Metis Palas PUCP… usando los servidores para decir que la serie busca “meter palo a la PUCP”. Naaah, no queremos darle con palo
… bueno, solo un poquito… la base de todo es criticar con humor. De todas formas todos nosotros queremos mucho a nuestra universidad pero eso no nos inhibe de notar ciertas deficiencias y problemas. La serie busca abordar esos temas con humor e ironía… reirnos de nosotros mismos es la premisa… ver todo desde el punto de vista de los alumnos comunes y corrientes.
Mi lado izquierdoso afloró, pero no radicalmente, es que ya dije que soy así; de centro solo que tiendo un poquito para. No queremos destruir a las autoridades, tumbarnos a decanos o rectores, naaah, para qué? El sistema funciona, a veces deficientemente, pero funciona. Y a mi me gusta el orden de las cosas. Pero somos jóvenes, con ganas de producir y de decir lo que pensamos y usamos esta herramienta para hacerlo divirtiéndonos. Haciéndola atrayente para un público conformado por nuestros pares. Un producto hecho por nosotros para nosotros mismos.
Así nos lanzamos a la aventura, sumando gente interesada de la facultad (empenzando por la simpática Pocket Maju). Con absolutamente nada de presupuesto, nuestros propios equipos, con muchas ideas y ganas, pero nos faltaba reportero. Dije que necesitabamos un reportero, pseudo reportero, con cara de tonto y que paresca común y corriente; pues yo me ofrecí. Sí, sí, lo sé, ¿yo? Los llamas aceptaron porque ya pues, yo era el creador del concepto y aparentaba suficiencia. “Si la hago”, les dije. Pero por dentro me cagaba de miedo, lo sigo haciendo cada vez que grabamos. Sin embargo desde el principio me propuse no claudicar en este reto. A pesar de cuan estúpido y antiestético me pueda ver frente a cámaras, cuan pésimo actor pueda ser y que mi voz sea la mas cojuda de todas; a pesar de todo eso, creo que MPP no pudo conseguir un tonto mejor
Juzguen ustedes…
Beijing, Beijing!
Disculpen, esto prometía ser un blog diario pero no pude luchar contra la confabulación de las circunstancias. Hace un mes que me quedé sin PC de escritorio y estabamos a salto de mata con la laptop sin cargador; prestándome de vez en cuando el de mi mamá para poder tener un poco de batería. Cuando el cargador de mi mamá se malogró también, todos nos quedamos sin computadora, sumidos de nuevo en la edad de piedra.
No había esperanza… ¿qué hace uno sin computadora? … La televisión llega a aburrir. No podía soportarlo. No tenía messenger, ni correo, ni videos tontos en YouTube. Me empecé a preguntar qué hacía la gente antes de tener computadora, en qué ocupaban su tiempo. Me puse en los zapatos de mi abuelita, qué hacía ella. La respuesta surgió de improviso: Leer.
Me emocionó un poco la idea pero me desanimó también. Ahora uno ya no lee, es tedioso y aburrido. Para qué leer si puedo ver películas en HBO. Uno solo lee para la universidad. Esas separatas que se engullen rápidamente sólo para dar examen y luego se pierden en el olvido. Los libros son objetos inanimados para mi. Las historias me gustan con sonido e imágenes. Las imágenes en movimiento. El movimiento y la imaginación. Pero, y algunos tal vez se sorprendan, resulta que leer es divertido e inspira enormemente la imaginación, más que eso, se fundamenta en ella.
Eso lo descubrí lastimosamente un poco ya crecidito. Mi familia (padres ingenieros) no me ispiraron el hábito de leer. Mas bien me quisieron atragantar el Baldor y terminé odiando las matemáticas para toda la vida. Por ello me gustaron más las letras. Pero más que las letras, me gustan las imágenes como ya dije. Desde chiquito vivía pegado al televisor.
Ya de más grande descubrí, con Harry Potter, que los libros pueden ser simpáticos. Antes había leído uno que otro pero sin mucha gana, el verdadero gusto por los libros me nació con Harry Potter. Luego empecé a descubrir más y mejores historias y autores. Me di cuenta que con los libros uno puede disfrutar más de la historia, de los detalles, de los personajes, ir al paso que uno quiera e imaginarme todo como más me plazca. Las películas son muy buenas pero los libros también. Así lo reafirmé ahora que me quedé sin computadora y estoy leyendo con mucha fascinación Tyrannosaur Canyon de Douglas Preston mientras veo las olimpiadas con el otro ojo.
Hablando de las olimpiadas, me pareció impresionante la inauguración. Tantos chinos sincronizados perfectamente y lo deportes, tantos deportes. Debo confesar que me da un poco de envidia el talento y capacidad que tienen estos patas. Me imagino los años y años de práctica constante. Me emociono cuando hacen un nuevo récord y ganan sus medallitas. ¿Y el Perú? Los deportistas peruanos pocos y no llegan a clasificar a instancias superiores. Si tan sólo el gobierno entendiera que el país tiene que invertir en deporte. La delegación peruana tendría que ser enorme. Gabriel pudiera haber sido deportista, clavadista sincronizado, judoka; leyendo una buena novela entre competencia y competencia.



Comentarios recientes